10.4.09

WILMA DEERING, Uniforme caliente


La primera vez que perdí la virginidad fue con una milica, la coronel Wilma Deering. Era 1979, tenía 5 años y a esa edad las mujeres me interesaban poco y nada. Al menos no más que el nuevo auto de la colección Matchbox o la bicicleta aro 20 con 5 cambios de Cic, pero ese año llegó a canal 7 una serie que cambió mi apreciación de la vida para siempre: Buck Rogers en el Siglo XXI. Y no precisamente por la historia, los rudimentarios efectos especiales o la ridícula banda sonora, sino por ella: Erin Gray, la coronel Wilma Deering, no sólo la mujer más bella que mis infantiles ojos habían visto, sino la primera que alimentó en mi naciente fantasía masculina la idea de que una chica podía ser más que bonita, sexy, mina, hot, caliente.
Wilma Deering fue la primera mujer que literalmente me hizo picar los cocos. Porque claro, en la serie había otra bomba hot, la Princesa Ardala, pero esta era como rasca, obvia y se vestía como vedette del entonces suplemento Candilejas de LUN. En cambio Wilma no mostraba mucho, porque no necesitaba hacerlo, bastaba verla caminar y listo. Es que la coronel Deering inauguró el uso del spandex con sus perturbadores trajes ajustados de una sola pieza, ceñidos a su curvilíneo cuerpo de top model, porque con los años supe que Erin Gray había sido la primera top model que saltó de las pasarelas y los
catálogos a la pantalla. En los 70 esta morena (arrubiada en la serie) de ojos azules era lo más parecido a Giselle Bundchen, pero claro, en esa época, las modelos no le importaban a nadie, excepto a un pendejo de 4 años, mirando a una mujer metida en un traje imposible, caminando con tacones, disparando pistolas láser, piloteando cazas de combate y liderando las fuerzas militares de la tierra, porque la chica además era ruda, milica de tomo y lomo. Y que bien se veía además con su blanco uniforme de batalla (porque en el siglo XXV los militares se vestirán de blanco y tendrán tetas y traseros respingados). Con perdón, pero no me vengan con princesas Leias y Padmes, en el mundo de la cifi, estas dos son niñas al lado de Wilma Deering. Y no estoy solo en esta cruzada, el culto online a la coronel es tan largo como lo que quieran que sea largo. Dos imágenes para el recuerdo, imborrables. Amarrada en una silla, a punto de ser torturada, haciéndose la lista con un maloso que le acaricia el mentón pero que en el fondo nos dice que esta a punto de desvestirla para probarla antes de enviarla al planeta de las chicas esclavas. Otra más, vampirizada por el Borbón (un nosferatu galáctico) convertida al fin en la perra en celo que ocultaba bajo su postura de perfecta oficial en jefe de las defensas terrícolas. Nunca entendí como el idiota de Buck Rogers jamás se la llevó a la cama, menos como ella podía ser lo más parecido a Pinochet en la ficción televisiva de los 70 (tenían el mismo rango) tampoco digamos que me interesaba mucho, yo solo quería estar bajo sus ordenes, marchando detrás de ese trasero de estaño apretado en spandex rojo o azul brillante.

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